sábado, 10 de marzo de 2012

TARECUATO

Tarecuato (del tarasco t'arre juata; "Cerro Viejo") está situado en el extremo del borde occidental de la meseta purépecha; después de Tarecuato, la ruta empieza su bajada hacia Tierra Caliente. Fue en la época prehispánica un lugar de intercambios comerciales entre las poblaciones de la costa y la meseta. Es ahora un pequeño pueblo de poco más de 6,000 habitantes, que vive de la explotación de la madera de los montes que lo rodean y de sus plantaciones de aguacate.
Tarecuato ha conservado su aspecto colonial (casas antiguas de adobe con techos de aleros anchos y calles de empedrado irregular) y su atmósfera de otros tiempos, los niños se interpelan en purépecha y las mujeres de todas las edades usan la vestimenta tradicional; una falda de telones blanca debajo de un delantal bordado y un rebozo. Tarecuato ha conservado también sus instituciones religiosas tradicionales y su división en 5 barrios: Las Vírgenes, SanJuan. San Pedro, Santiago y San Miguel.
Una visita a Tarecuato tiene que empezar con el conjunto edificado por Fray Jacobo, el templo de San Francisco y el convento dedicado a Santa María. El conjunto ha sido recientemente modificado y restaurado.
En el atrio subsiten algunos troncos de los olivos que Fray Jacobo sembró y una extraordinaria cruz de cantera labrada que se eleva sobre un pedestal en forma de pirámide escalonada.
Más abajo de la Iglesia, se reúnen las mujeres el día de plaza para vender el pan tradicional de Tarecuato. Allí también se celebra un evento de origen prehispánico, la Maiapita o Feria del Atole. El atole es la bebida tradicional del lugar, y está presente en todos los momentos importantes de la vida del pueblo y sus habitantes: se obsequia a los padres de la novia "raptada", a las autoridades tradicionales recién nombradas, en los bautizos, las fiestas o los velorios. La tradición cuenta que la novia podía ser "devuelta" a sus padres después de la boda si no sabía preparar atole.
En la Maiapita, concursan las mujeres del pueblo con gran variedad de atoles de todos los colores y sabores: salados o dulces, de fruta o de leguminosas, de plantas aromáticas o curativas, algunos bastante exóticos como los de aguamiel o de caá quemada ("chaqueta"). Este día se elige una reina de la Feria y es la oportunidad de admirar los atuendos de fiesta de las mujeres, en particular sus rebozos cuyos flecos imitan plumas de ave.
No se puede dejar de visitar las capillas de los barrios, en particular la hermosa capilla de San Miguel. Ha llegado intacta del siglo XVI a nuestra época con sus gruesas paredes de adobe, las vigas de su techo y sus paredes pintadas.


La tradición local atribuye muchos milagros a Fray Jacobo: curaba a los enfermos, podía recorrer 50 leguas por día, o celebrar misa en dos lugares diferentes al mismo tiempo. En una ocasión, hizo brotar un manantial para bautizar unos indígenas golpeando unas rocas con su báculo. Supo de la muerte de Carlos V el mismo dñia donde ocurrió, el 21 de septiembre de 1558 (la noticia llegó a Nueva España dos meses más tarde) y celebró una misa en su memoria. Plantó al final de su vida su báculo en el patio del convento, afirmando que "si retoñaba, sería señal de su salvación, de lo contrario de su condenación". El árbol, un naranjo, todavía está de pie y produce frutas a las cuales, la gente le atribuye propiedades curativas.
Tarecuato ha visto a parte de sus habitantes emigrar a los Estados Unidos, pero a diferencia de otros pueblos, no ha perdido su cimentada identidad.




TARECUATO, pueblo pequeño con un pasado grande, interesante y acogedor, es un lugar que vale la pena conocer.











Bibliografía y referencias: Anne Bonnefoy

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